Sobre ictus y perros

Como propietari@ perruno, quizás te sorprenda saber que los cuadrúpedos pueden sufrir ictus, al igual que los humanos. Una pérdida de equilibrio o una inclinación de cabeza son algunas de sus señales, interesantes de conocer sobre todo, si tienes un peludo de edad avanzada.

Al igual que nos puede pasar a cualquiera de nosotros, los perros también pueden sufrir problemas médicos graves, incluidos los accidentes vasculares. Y, aunque son mucho menos frecuentes tomando como referencia la incidencia humana, los ictus perrunos son igual de serios e importantes. Si desgraciadamente alguna vez le ocurre a tu perro, debes saber que es una experiencia aterradora y, por eso mismo, interesante conocerla.

¿Qué es un ictus?

Un accidente vascular, comúnmente conocido como ictus, es una alteración de los vasos sanguíneos del cerebro ocasionado por una deficiencia de sangre en el mismo. Es decir, el ictus afecta directamente al flujo sanguíneo impidiendo que llegue correctamente, y por tanto, la zona se ve afectada de manera puntual o incluso, de manera permanente.

En los humanos, esta anormalidad neurológica, suele ocurrir por causas como la presión sanguinea, fumar, o el colesterol que, al depositarse en las arterias, puede obstruirlas y causar coágulos de sangre. En el caso de los peludos sin embargo, pueden desarrollarse por cambios en las tiroides o por coágulos de sangre formados por diversas enfermedades endocrinas. La parte buena si te hace sentir mejor, es que el cerebro no siente el mismo dolor que puede sentir el resto del cuerpo. Por lo tanto y en principio, no es doloroso ni progresivo e, incluso, puede resolverse con el tiempo.

Causas del ictus canino

Un accidente vascular suele ocurrir de manera espontánea, y pueden causarlos principalmente dos factores: un derrame cerebral (hemorrágicos), o una obstrucción arterial (isquémicos) causada por un coágulo, células tumorales, grupos de plaquetas, o incluso a veces, por bacterias o parásitos.

Aunque en algunos casos no se encuentra una causa subyacente, la mayoría de veces, los accidentes vasculares están asociados a la hipertensión (presión sanguínea alta). Esta a su vez, esta puede estar causada por una insuficiencia renal, una enfermedad infecciosa o, incluso por una inflamación del corazón (endocarditis, palabra técnica que desconocía). Además, en algunos casos, enfermedades endocrinas como el Cushing o hipertiroidismo, también pueden hacer que el paciente peludo tenga más predisposición a tener uno.

Según estudios, los accidentes cerebrovasculares no son muy frecuentes en perros. Aún teniendo en cuenta que una lesión poco diagnosticada, habitualmente los veterinarios se encuentran solo con un par o tres de casos al año. Además, es muy poco frecuente en perros jóvenes. Tiende a ocurrirles a perros mayores, con enfermedades previas que aumentan las probabilidades de formar coágulos o sangrado.

El ictus hemorrágico, es un derrame cerebral que ocurre cuando los vasos sanguíneos del cerebro se rompen (como cuando te das un golpe y te sale un moratón). Esto puede derivar en una hemorragia instantánea y, esa misma coagulación, ser la causante del infarto cerebral. Algunos de estos accidentes pueden ocurrir por una lesión grave, y otros, sin embargo, no tienen causa aparente

Los accidentes isquémicos sin embargo, ocurren cuando se produce una obstrucción por un émbolo (coágulo). Este, se forma en alguna parte del cuerpo, viaja a través del sistema vascular hacia vasos sanguíneos más pequeños, bloquean la arteria, y se interrumpe el flujo de sangre al cerebro (¡igual que hacen los castores con sus presas!). Como resultado, el tejido afectado de esa zona muere, y se produce un infarto vascular.

Como detectarlo

Ciertamente, los signos visibles son muy parecidos a los humanos, y los síntomas varían según su intensidad y la ubicación cerebral donde ocurra. A veces, estas señales pueden ser muy sutiles y. a diferencia de una persona, que puede decir que siente hormigueo o que ha dejado de ver por el ojo izquierdo, los síntomas pueden pasar desapercibidos en los animales.

Las señales previas pueden durar unos minutos, o mucho mas, según la severidad del mismo. Entre otros, los síntomas pueden incluir:

  • Incapacidad para caminar o tener un paso coordinado
  • Desorientación
  • Flojera
  • Convulsiones
  • Inclinación de cabeza
  • Movimientos y posiciones anormales de los ojos (de lado a lado o rotatorios)
  • Pérdida de consciencia
  • Parálisis
  • Comportamientos poco frecuentes
  • Caerse de lado o inclinarse hacia un lado
  • Ceguera (habitualmente temporal)

Las señales visibles dependerán de la localización y la extensión del sangrado. El tiempo de recuperación también variará dependiendo del estado del perro, la edad, enfermedades previas, severidad del problema… Los ictus más fuertes o duraderos, suelen ir acompañados de arritmias cardíacas e incluso un colapso que le lleve al coma.

El tratamiento empieza con un buen diagnóstico

La parte más importante para el correcto tratamiento de los accidentes vasculares, es hacer un diagnóstico preciso, aunque habitualmente puede ser difícil de determinarlo. Por ejemplo, un fallo en el ritmo cardíaco puede provocar un desmayo (y poner en peligro su vida), algo similar a los derrames cerebrales.

Habitualmente, y como protocolo antes de hacer una resonancia magnética (IRM), han de descartarse otras cosas a través de un electrocardiograma, radiografías de tórax y ecografía abdominal. Si todo esto está bien, también puede que se busquen otras enfermedades subyacentes con pruebas hormonales, análisis de sangre y de orina. Si todo eso sale bien, y se hace la resonancia, debemos tener en cuenta que incluso con ella, a veces los cambios ocurridos en el cerebro son tan sutiles, que igualmente podrían no detectarse.

La falta de conocimiento sobre este tema es uno de los factores por lo que a veces los ictus no se diagnostican. Además, las resonancias son caras, y no siempre son asequibles para los propietarios.

El tratamiento, fueraparte de darle el tiempo necesario para recuperarse, consiste en tratar la causa subyacente para poder prevenir futuros problemas. Así, si el causante del ictus es un coágulo generado por una presión alta, es probable que le receten anticoagulantes o medicamentos para tratar la hipertensión. Además, también pueden recetar corticoesteroides para prevenir la hinchazón si la hubiese, y/o anticonvulsionantes para controlar las convulsiones que a veces derivan de las mismas. En resumen, primero hay que buscar la raíz del problema, y después tratarla. 

Después de unos primeros síntomas ocurridos en diferentes intervalos de tiempo, (desvanecimientos parciales, giros de cabeza extraños y comportamientos repetitivos que no entendíamos), a principios de agosto y de madrugada, tuvo un ataque convulsivo grave  que nos asustó muchísimo. A partir de aquí comenzó la odisea de pruebas (análisis, radiografías, ecos…) y al final, la IRM.

Efectivamente, a través de la resonancia, pudimos determinar que no solamente tiene principios de una atrofia causada por la edad, sino que además, también tiene un fallo vascular permanente en su pequeño y adorable cerebro.

Nuestra experiencia con el fenobarbital (el primer medicamento que recetan para las convulsiones), fue terriblemente mala. Al parecer la afectó más de lo normal, y los efectos secundarios no compensaban para cómo estaba ella. Los días siguientes a la noche de convulsiones ella se recuperó, o al menos, solo veíamos esas conductas previas provocadas por la demencia.

A día de hoy, continuamos introduciendo muy poco a poco el Pexión (otra medicación anticonvulsiva, un poco menos efectiva, pero con menos efectos adversos), ya que las primeras dosis tampoco la sentaron bien. Parece que Ura es de esas excepciones raras que mencionan los prospectos…

¿Cómo les afecta a los perretes?

El cerebro de los cánidos es muy hábil a la hora de recuperarse, y lo hacen mucho más fácil que las personas (probablemente porque su cerebro, también es menos complejo que el nuestro). La mayoría de los perretes que ingresan en un hospital por este problema, suelen salir andando por si mismos al cabo de unas horas.

También hay que decir que, el hecho de no compadecerse de sí mismos, y su alta capacidad para compensar dolencias, parece que les haga tener superpoderes. Ellos saben perfectamente cómo adaptarse a las nuevas situaciones, por ejemplo, caminando más despacio si se marean, o tumbándose en el suelo para indicarte que no pueden/quieren andar más (¡estate atent@ a sus señales!).

Estas características derivan en parte, de su dependencia natural al tronco encefálico (la unión entre la médula espinal y el encéfalo), la cual se encarga de funciones básicas y primarias como el sueño, el control cardíaco o la respiración, para regular la fuerza y la función del cuerpo. Por eso, si tienen un daño en la parte frontal del cerebro (lugar donde suelen ocurrir los fallos vasculares), al principio estarán débiles, pero, poco a poco se irán recuperado, sin quedarse tan paralizados como los humanos.

Los peludos que sobreviven los primeros días tienden a tener buen pronóstico y, de cara al futuro, todo dependerá del control y/o eliminación de esas causas subyacentes. Con un veterinario adecuado, y un humano atento y preocupado, la mayoría de perros consiguen vivir felices durante mucho tiempo, aunque esa cicatriz se quede, como es nuestro caso, de manera permanente.

 

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