Errores frecuentes que cometes con tu perro (2.ª parte)

Segunda parte de una serie de tres artículos donde revisaremos los principales factores que ralentizan el aprendizaje. Una mala técnica, sesiones extremadamente largas (¡o cortas!), la falta de entrenamiento, no generalizar en diferentes contextos y, la guinda del pastel: ¡depender demasiado de la comida!

Aunque a día de hoy hay mucha información sobre cómo entrenar a un perro, no hay tanta que hable de los errores más frecuentes que suelen cometerse. Con un poco de pericia, y un perro relativamente equilibrado y sin problemas, es bastante sencillo enseñarle casi cualquier cosa pero, de manera habitual, hay muchos errores que la gente suele cometer a la hora de enseñar a sus peludos.

Estos pasos en falso pueden parecer insignificantes pero, quizás te sorprenda saber que SON los principales factores que ralentizan y bloquean el proceso de aprendizaje del perrete. Por esta razón, y para evitar la frustración a ambos lados de la correa, he recopilado algunos de ellos en tres artículos diferentes.

¡Espero que puedas sacarles provecho!

05. REPETIR MIL VECES LA ORDEN + FALTA DE TIMING = MALA TÉCNICA

Este es el típico error de principiantes y propietarios inexpertos, que no saben cómo funciona el aprendizaje por asociación ni los refuerzos.

Quizás te sientas identificad@ pero, es muy habitual ver perros que (aparentemente) se saben sentar y que, con distracciones, sin comida y unido a humanos que se mueven y hablan mucho, dejan de responder a lo que se le pide. Problema: todas estas cosas les genera tal confusión, ¡que se hacen un verdadero lio!

Además, habitualmente, después se les sueles pedir lo mismo, pero de una manera repetitiva (¿eres de los que repiten las cosas 7 u 8 veces?, y generalmente en un tono de voz más rudo y con el volumen más alto. Finalmente, el perro se sienta y, para rematar, a veces ni se les refuerza (o se hace tarde) por no haberlo hecho bien cuando se le ha pedido la primera vez. ¿Cómo te sentirías tu si estuvieras intentando hacer algo pero no acertaras a hacerlo y la otra persona se enfadara contigo?

Me parece interesante destacar dos cosas importantes. La primera, dar por sentado que el perro ya sabe lo que tiene que hacer, ¡error! Los perros pueden no hacernos casos por muchas razones: porque no les apetece, porque no nos entienden, porque hay mucha estimulación alrededor… Por otra parte, y como segundo punto, debéis saber que cada vez que ocurre esto, toda esta secuencia de repeticiones se acaba aprendiendo y después es muy difícil de romper esa inercia.

En definitiva, repetir mil veces lo mismo, en tonos de voz diferentes, y aumentando el volumen, no va a cambiar lo que sabe o lo que puede hacer en ese momento. Además, si añades que nos movemos y gesticulamos mucho, no les pone mas sencillas las cosas ya que, los perros son muy observadores y generalmente se fijan en nuestros movimientos, no en lo que les decimos.

Una vez que has entrenado de manera repetida, en diferentes localizaciones, y retirado parte de la comida mientras aumentas el refuerzo de tu voz a través de elogios, ¡ya casi puedes estar seguro de que va a responder la primera vez que se lo pidas! Y si eso no es así, es porque o no se ha enseñado todo lo bien que tu crees, o porque el perro esta distraído con el entorno.

Si esto ocurre, tendrás que volver a pasos anteriores del entrenamiento, haciéndolo más sencillo, reforzando más a menudo, e intentarlo en un entorno menos estimulante.

06. LAS SESIONES SON MUY CORTAS O MUY LARGAS

Ante todo, es importante saber que enseñar algo nuevo de manera casi perfecta, conlleva muchas sesiones y repeticiones. Al igual que a los humanos nos lleva tiempo perfeccionar un deporte, a los perros también les lleva tiempo aprender a interpretar lo que les pide un humano a través de las señales, sean gestos o palabras.

Además, el tiempo que invertimos en las sesiones de entrenamiento también son muy importantes. Si las sesiones son muy largas, podemos hacer que el perro se aburra y que pierda el interés en ellas. Por otra parte, tampoco interesa acabar la sesión si no hay evidencia de que haya mejorado algo. En definitiva, varias sesiones cortas, de uno o dos minutos, mucho mejor que una de diez.

07. EXIGIR OBEDIENCIA SIN HABERLA ENTRENADO

Un perro, JAMÁS entenderá un ven aquí, si tu no le has enseñado a acudir a la llamada. Ni tampoco sabrá no tirar de la correa, porque no está en su naturaleza, caminar atado a un humano. Y, habitualmente, este es uno de los errores más comunes que veo: pretender que el perro haga lo que le pides sin haberle enseñado antes, o sin haberlo practicado lo suficiente. ¡Como si por arte divino pudieran entender nuestras palabras!

No des nunca por supuesto lo que el perro sabe o no sabe hacer. Si no te hace caso, es tu deber como propietario enseñarle, no esperar a que lo haga mal, y encima castigarle. Además, si le enseñas a venir y a sentarse en la cocina, el perro LO QUE SABRÁ es acudir y poner el culo en el suelo, ¡en la cocina!

Una vez tengas controlada una orden/señal, muévela a diferentes localizaciones y contextos, con más y menos distracciones, siempre DE MANERA GRADUAL, y no de manera abrupta. Es fácil prestar atención en casa con comida y sin estímulos externos, pero no lo es tanto en el parque de perros, sin chuches, y con más perros corriendo y jugando alrededor.

8. NO GENERALIZAR LO APRENDIDO EN DIFERENTES CONTEXTOS

Si enseñas a tu peludo obediencia en la cocina, tendrás un perro hiperobediente, ¡en la cocina! Es otro error típico de muchos propietarios: cuando fallamos en generalizar nuevos comportamientos a diferentes zonas en las que varían las condiciones y niveles de distracción, es cuando vemos realmente si el entrenamiento esta o no funcionando.

Para generalizar un comportamiento, primero hay que entrenarlo en casa, o en un entorno con muuuy bajo nivel de estimulación/distracción. Después, poco a poco, tienes quie ir probando añadiendo distracciones y probando si el peludo en cuestión es capaz de hacerte caso y conectar contigo. Se trata de cambiar el entorno de una manera gradual y hacer pruebas.

Lo mas importante es saber en todo momento cual es el límite del perro. Y si este se ve superado, y no es capaz de prestar atención al entrenamiento, volver unos pasos atrás, a un entorno donde podáis conectar de nuevo.

9. DEPENDER DEMASIADO DE LA COMIDA Y NO CREAR EVENTOS REFORZANTES

Me repito millones de veces, tanto en las clases como en la web: NO uséis los refuerzos como cosas puntuales (un cacho de comida, o una palmadita), ¡CREAR EVENTOS! Quiero decir, si en vez de simplemente darle el premio, le das un premio, le acaricias y le hablas o le haces una fiesta, ¡crearás una experiencia agradable que se quedará registrada en el cerebro de tu perro!

A veces la fijación por la comida hace que el perro se comporte bien en ese momento exacto pero, la atención hacia el propietario es reducida y muy difusa. Si lo piensas, los perros de agility, frisbee o los que practican obediencia, no son reforzados constantemente con comida o con juego, los entrenadores también les hablan y les felicitan. Esos perros, en el fondo, trabajan duro por el refuerzo del trabajo en si mismo, y no por el refuerzo tangible o físico

De modo que, para empezar a trabajar un nuevo comportamiento, sea un sentado, tumbado, junto…, empezamos habitualmente con comida. Una vez que el peludo aprende ese comportamiento en el que estamos trabajando, reemplazamos la comida con otras cosas como juego, caricias, elogios, o cualquier otra cosa que le guste. De esta manera creamos eventos, situaciones y, además, hacemos que el refuerzo de la comida se convierta en algo impredecible.

Fin de la segunda parte, ¡espero que te haya gustado, ¡deja tu opinión en los comentarios!. En el tercer y último artículo, hablaremos de la emoción, la proactividad y de la confianza entre otras cosas. Así que, si te apetece continuar la lectura, o volver al primero de la serie, te dejo aquí sus respectivos links. 

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