Relación entre genética y entorno

La manera en la que se comporta un perro, desde su respuesta a tu llamada, hasta el tipo de relación que tiene con otros perros, está estrechamente relacionado con su genética y con las experiencias de su vida. Ésta combinación forma una identidad e influye directamente en su comportamiento.

Muchas veces, los educadores y etólogos, hacemos referencia a dos conceptos para explicar la razón por la que ocurren ciertos comportamientos caninos. Éstas expresiones son innato y adquirido, y hacen referencia a la naturaleza propia del perro, es decir:

  • Su genética, características físicas, enfermedades orgánicas, o trastornos emocionales, todo heredado por sus progenitores.
  • Factores de crianza, conductas aprendidas  y derivadas del entorno, de su educación, de la convivencia familiar…

Estos dos factores, tanto los ambientales como los hereditarios, interactúan en el desarrollo del perro durante toda su vida.

Los comportamientos heredados habitualmente son bastante predecibles, y responden a un estímulo, que incluso puede que ese animal no haya visto o encontrado antes a lo largo de su vida.

Por ejemplo, un perro nadará aunque no le hayamos expuesto nunca antes al agua del mar, o a una piscina. En éste caso el comportamiento de nadar solo puede explicarse como algo genéticamente preprogramado.

En otros casos, aunque el comportamiento esté integrado en sus genes, la conducta dependerá de la experiencia propia del perro.

Un ejemplo claro es el de la comunicación. Cuando nacen, los perros están programados para aprender su propio lenguaje, pero esa comunicación la aprenderá mejor o peor según sus experiencias. Un perro que no ha tenido una experiencia comunicativa con su madre y su camada siendo todavía un cachorro, es muy probable que de adulto no se sepa comunicar correctamente.

En nuestro caso como humanos, nacemos con una genética programada para el lenguaje. Ahora bien, el lenguaje que el niño aprenda, dependerá de donde viva en el periodo en que se aprende a hablar.

Por último en otros casos, el comportamiento depende solamente de la experiencia, y pueden explicarse perfectamente sin necesidad de añadir la parte genética a la ecuación .

Por ejemplo, si un perro recibe un refuerzo (comida) cada vez que te pega con la pata, pronto aprenderá que dar con la pata es sinónimo de comida. Otro caso muy típico, es cuando los humanos reforzamos sin darnos cuenta los malos comportamientos. Por ejemplo, cuando son cachorritos, nos suele hacer mucha gracia verles matar (morder y zarandear) su propia cama, o dejarles subir al sofá. Éstos son dos comportamientos que tengo que ayudar a modificar prácticamente todas las semanas…

¿En cuanto afecta cada uno de éstos factores?

Es muy difícil, por no decir imposible, separar estos dos elementos y sus correspondientes efectos, para explicar un comportamiento concreto. Y tampoco hay ninguna manera de poder saber, cuál de las dos cosas puede estar influyendo cuando algo ocurre. Es más, muchísimos científicos piensan, que los comportamientos flexibles (comportamientos no instintivos) no tienen una sola causa, y que, cómo ya he mencionado, son el resultado de la interacción entre genética y entorno.

Así, que en vez de preguntarnos de donde puede derivar cierto comportamiento, lo mejor sería preguntase, en cuanto le han afectado sus rasgos genéticos y el ambiente o experiencias, para mostrar ese comportamien

Muchos estudios en humanos han demostrado, que ciertos rasgos son estables y perduran en el tiempo, definiendo así el temperamento de un animal. O lo que es lo mismo, que el temperamento, es la diferencia única entre individuos, que permanecen inalterables desde el nacimiento.

Mientras crecemos, nuestro temperamento se va solapando y mezclando con la experiencia. Este resultado, es el que se define como personalidad. ¿Y que quiere decir todo esto? Que aunque los genes marquen unos límites, realmente no son los únicos que definen un comportamiento.

Patricia McConnell, ilustra muy bien este ejemplo comparándolo con un cuadro: aunque el resultado final pueda variar en colores y formas (experiencia), la obra jamás podrá salirse del lienzo donde está pintada (genética).

 
 

Muchas características conductuales, vienen definidas por sus genes, pero la gran mayoría son comportamientos mejor o peor aprendidos.

Eso sí, es importante remarcar, que incluso cuando un perro tiene una predisposición genética para actuar de cierta manera, el comportamiento aún debe ser activado por el medio ambiente. Por lo tanto, aunque podamos influir en el comportamiento de un perro a través de la experiencia, nunca podremos cambiar su parte genética.

La raza no siempre determinan su comportamiento

En resumen, mientras sus experiencias contribuyen directamente en su comportamiento, no podemos controlar su genética, lo mismo que no podemos cambiar la nuestra.

Comprender éste concepto es importante porque, aunque eduquemos igual (en el mismo entorno, de la misma manera) a dos perros de la misma camada, igualmente tendremos dos perros diferentes. Son muchos los casos en los que se tiende a elegir ciertas razas porque vienen determinadas por ciertos comportamientos y características. Y de la misma manera, se descartan otros por ésta misma razón. Y esto, no siempre es así, todo depende de muchos más factores.

Me parece importante entender bien la diferencia de todo esto. La genética y la crianza son cosas diferentes y, cuando tomamos la decisión de compartir la vida con un perro, debemos entender que su personalidad puede cambiar a lo largo del tiempo, independientemente de sus rasgos hereditarios.

 Somos lo que somos, y así son los perros también. Cada uno de ellos, único, y para mí, todos ellos adorables.

0 0 votos
¡Valora el artículo!
Puede que te interese
Suscríbete
Notificar a
guest
0 Comentarios
Feedbacks online
Ver todos los comentarios
0
Me encantaría saber tu opinión, ¡comenta!x
()
x