Miedos y fobias

Aunque tradicionalmente está considerado como una emoción negativa, el miedo es un instinto natural de aprensión hacia otro perro, persona u objeto desconocido, que ayuda a prevenir o superar cualquier tipo de amenaza.

¿Alguna vez has sentido esa sensación, ese momento, en el que tu estómago parece que se da la vuelta y sientes una palpitación fuerte en el pecho? Ése es el miedo. En su pleno apogeo…

 

Y aunque tradicionalmente está considerado como una emoción negativa (de hecho, la sensación no es para nada agradable…), el miedo es un instinto natural de aprensión. Puede ser hacia otro perro, persona u objeto desconocido, y les ayuda a prevenir y gestionar diferentes amenazas o desafios. En definitiva, es una respuesta automática del sistema nervioso central ante la percepción de peligro, necesario en la naturaleza.

 

Ésta emoción es la que nos ayuda, a todos los animales, a protegernos ante riesgos físicos, psicológicos o emocionales, bien sean reales o imaginarios. Es decir, puede ocurrir ante un estímulo en el presente, o como anticipación de un evento de peligroso en el futuro. Su objetivo es prepara al cuerpo para escapar, luchar o quedarse paralizado ante ese evento. Por lo tanto, es un comportamiento natural y esencial para la adaptación y la supervivencia, pero, será el contexto el que determinara si esa respuesta al miedo es normal, anormal o inapropiada.

Los miedos y fobias son muy comunes y afecta a perros de todo tipo de razas y edades. Además, algunos perros tienen más predisposición que otros a ciertos miedos debido a rasgos genéticos, por escasa socialización o simplemente por experiencias previas. Si no se les ayuda en las etapas más tempranas, ese miedo, probablemente, se convertirá en una fobia.

Los perros tienden a exhibir comportamientos relacionados con el miedo durante los períodos más crítico de desarrollo. Durante estos períodos, los perros pueden volverse cada vez más temerosos de situaciones que antes parecían aceptar con normalidad. Sin embargo, es importante tener en cuenta, que los perros pueden tener miedo a cosas específicas a cualquier edad y no se pueden hacer generalizaciones.

 

La gran mayoría de miedos y fobias aparecen al inicio de la madurez social, es decir, entre el primer y el tercer año de edad. Además, en perros jóvenes, de entre 8 y 10 semanas, suele aparecer también un miedo profundo, de duración relativamente corta en el cachorro es muy sensible a las experiencias traumáticas.

Además, mientras un animal está en modo supervivencia, tanto el aprendizaje, como su cognición y la memoria quedan desactivados. Por esta razón es importante ser buenos referentes, y ayudarles a superar sus miedos y a hacerles sentirse seguros en su entorno.

La diferencia entre el miedo y las fobias es que, el miedo, es una respuesta normal ante una situación que ocurre o percibe el perro, mientras que las fobias son una respuesta exagerada y se ven completamente superados por ella.

¿Qué ocurre ante un evento que genera miedo?

En el momento en que un animal percibe miedo, se producen muchos cambios fisiológicos, (secreción de hormonas y neurotransmisores que cambian literalmente el equilibrio del cuerpo) que afectan directamente a su conducta, y llevan al animal a tomar una decisión ante ese evento amenazante.

 

Aunque ésta emoción está estrechamente relacionada con otras como el estrés, no debemos confundir los miedos y fobias con la ansiedad ya que, ante la anticipación de una amenaza de origen desconocido, se origina la misma reacción de supervivencia en el organismo. Los síntomas más visibles, son la evacuación, vocalizaciones excesivas, temblores, jadeos, salivación… Además, los perros con mucho estrés y ansiedad, habitualmente experimentan situaciones de miedo irracionales ya que están continuamente con una sensación de alerta y peligro constante.

''Lo único que tiene es miedo...''

Hay muchísimos perros con miedo. De  hecho, la dura realidad es que 99,9% de los perros con problemas de comportamiento, derivan del miedo y la ansiedad. Pero, debido a que los comportamientos basados en el miedo pueden variar muchísimo (desde hacerse una bolita debajo de la mesa, hasta abalanzarse a morder a la visita que entra en casa), no todas las personas son capaces de reconocerlo. Es más, a veces se confunde con juego, agresividad o dominancia.


Hay señales evidentes (orejas hacia atrás, conducta de escape, cola entre las patas) que la mayoría sabemos detectar, pero si se pasan por alto, esas señales irán en aumento, y podremos ver jadeos y pupilas dilatadas. Incluso en ese momento, a algunos perros aún se les puede distraer de la fuente del miedo. Pero según pasa el tiempo, los perros miedosos se vuelven más intensos (distrés), y son más difíciles de distraer, y se vuelven agresivos o reactivos. Y es ahí cuando se nos pide ayuda, cuando el problema ya es más serio y difícil de resolver.

Es curioso, pero son pocas las veces en que nos llaman diciendo: mi perro es miedoso!

 

Habitualmente la gente nos llama en función de los síntomas que muestra el perro, es decir, cuando ladra para llamar la atención, cuando destruye objetos si le dejamos solo en casa o, en el momento en que empieza a tener problemas graves relacionados con la agresividad. En pocas palabras, que en general se nos llama cuando el problema tiene que ver más con el humano y/o su entorno, que con el propio perro,

 

Y el resultado de todo ésto, y de no saber detectar o identificar el miedo en nuestros peludos es, que esos malos comportamientos nunca mejoran. O al menos no lo hacen hasta que no se trata la raiz, del problema. Peor aún, si el miedo empeora, también lo hará su comportamiento.

¿Qué puedes hacer para ayudarle?

El miedo que puede tener un perro no es diferente al miedo que puede tener un humano. De modo que, tenemos que aceptar, que lo que tratamos es cambiar una emoción, y por lo tanto, es difícil saber cuánto tiempo tardará en poder gestionarlo. Una vez aceptado esto, será mas fácil entender y ver ese miedo desde su punto de vista, y a la vez, cambiar todas nuestras creencias y expectativas con respecto al problema.

 

Otro factor importante a tener en cuenta es ser proactivos. Tenemos que ser capaces de anticipar, prevenir y evitar cualquier situación que genere miedo en el perro, y sobre todo, no forzarle nunca a acercarse a lo que le genera miedo. Una cosa es, que un día de mucho viento no podamos controlar el sonido, o las bolsas de plástico volando sobre nuestras cabezas. Pero eso, es muy diferente a forzarle a acercarse a otro perro del que rehúye, para que sea amable y salude.

 

Tenemos que ganarnos su confianza y ser un buen referente, es decir, ser el/la  encargad@ de gestionar todo aquello que el perro no pueda, ¡eso le quitará mucha carga de encima!. Además, un educador con prácticas positivas, también te puede guiar y enseñar a trabajar el contracondicionamiento clásico y la desensibilización, técnicas que os ayudarán, tanto a ti como a tu perro, a luchar contra el miedo y ganar en seguridad.

 

Aunque todos los miedos son mejorables, incluso 100% superables, el éxito dependerá de muchísimos factores. Y aunque en gran parte va a depender del perro en si (de su genética, seguridad, motivación, autocontrol…), la ayuda de un compañero human@ que trabaje con métodos positivos, es sin lugar a dudas, otro factor clave para la superación.

 

Eso si, debemos armarnos de paciencia (suelen llevar su  tiempo) y, sobre todo, tenemos que ser comprensibles, amables, y jamás (nunca!) usar la fuerza física ni las correcciones, ya que solo agravará la situación tanto para tí, como para tu perro.

También te puede interesar...