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Vínculo afectivo entre perros y humanos

Aunque la línea del tiempo en cuanto a la domesticación de los perros es algo que aún está en debate (¡se estima que al menos 15000 años atrás!), los peludos ofrecen compañía y lealtad tanto a niños como a adultos humanos en muchísimos hogares del mundo.

Desde su domesticación nos hemos sentido atraídos por ellos, y también nos han ayudado de muchísimas maneras esperando muy poco a cambio, apenas nada más que nuestra compañía (y… ejeeem… ¡quizás también algo de comida!). Pero, la verdadera amistad con ellos, no está presente en todas las relaciones.

Los perros domésticos han evolucionado hasta el punto de ser practicamente, y totalmente, dependientes de los humanos. Aunque algunos aún pueden sobrevivir en la naturaleza como perros salvajes, la mayoría tienen la ventaja de estar al cuidado de los humanos. Nosotros les prorcionamos comida, una casa, atención (incluida la atención veterinaria aunque no les guste tanto…), juegos… En definitiva, ¡es una de las especies más privilegiada del planeta Tierra!

Para nosotros como humanos, la compañía que nos brindan nuestros peludos, no es más que el comienzo de una larga lista de ejemplos. La evidencia científica ha demostrado, que los perros nos ayudan a relajarnos, nos mantienen activos (sobre todo si convivimos con un pequeño torbellino…), e incluso nos ayudan a superar depresiones gracias a la oxitocina, la hormona del amor. Además, también trabajan felizmente para nosotros: ayudan a personas con discapacidades físicas y mentales, colaboran como perros de búsqueda y/o rescate, como detectores de enfermedades y otro tipo de sustancias, etc…

¿No os parece increible la gran capacidad de adaptación que tienen los perros como especie?

La palabra ''vínculo'' se utiliza mucho para hablar de la relación entre perros y humanos

A veces utilizamos la palabra vínculo y amor, casi como sinónimas. Pero para mí, son cosas bien diferentes. Me explico…

Una cosa es el amor que hay en la relación con nuestro perro. Esto puede verse, por ejemplo, cuando llegamos a casa y viene a saludarnos con su juguete favorito, moviendo todo su cuerpo, y pegando con el rabo en todos lados. Sin embargo, el vínculo, es lo que hace que tu perro no salga disparado cuando abres la puerta de casa, o incluso, lo que le hace volver a ti cuando le llamas, por muy interesante que sea lo que este husmeando. El amor aparece de manera natural, pero el vínculo tarda tiempo (y mucha práctica) en formarse.

En la educación canina, tenemos muchas técnicas y herramientas que pueden ayudarnos a que tu perro se comporte con mejores modales. ¿Tienes un perro que tira de la correa, que salta encima de la gente para saludar, o que reacciona demasiado ante bicis o corredores? Bien, con unas cuantas pautas, cambios en el entorno o comportamiento humano, y algo de obediencia, las cosas suelen solucionarse.

Pero, en algunas casas, las cosas simplemente parecen no ir bien, sin importar cuantas técnicas, pautas, comunicación u obediencia que practiquemos. Hablo de una falta de chispa que a veces hay entre humanos y perros, ¡una sensación que es difícil de explicar!

En casi todos estos casos, las infracciones cometidas por los humanos (en algunos casos importantes como el castigo o la intimidación, y en otros casos, cosas más difíciles de identificar), y la falta de comunicación interespecie, generan una falta de confianza enorme dentro del hogar. Desde luego que cambiar ciertas pautas, trabajar en la comunicación, y practicar algo de obediencia, mejora esa relación, o esa chispa. Pero, en algunas ocasiones, me queda un sabor amargo al final del programa.

El vínculo es la base principal de la relación con tu perro, ¡se constante y trabaja en ello!

En definitiva, todo esto podríamos resumirlo en que, una relación feliz y sin frustraciones es mucho más que un poco de amor y obediencia. Para tener un vínculo fuerte y estable con nuestro perro (lo que en el cerebro humano se simplifica a: para que un perro te haga caso…), debemos afianzar los cimientos, y trabajar mucho en la comunicación, la confianza mutua y el respeto.

Además, fortalecer la verdadera amistad tampoco es algo tan complicado, podemos introducir juegos, interacciones físicas como abrazos y elogios (siempre que sean previsibles y aceptados por ell@s), salidas y escapadas a la playa o montaña, podemos hacer deporte en equipo como el frisbee o agility…

A veces, cuando voy por la calle y alguno de mis perros quiere saludar a otro, les pongo la correa encima del lomete para que no se enreden con las correas. Mucha gente la coge, y me la da en mano, pensando que pueden escaparse. Y si por casualidad me dicen algo tipo ”ten, que no se te escape…”, siempre respondo lo mismo: ninguno de los dos se escapará, ¡para ellos no es divertido estar por ahí sin mi compañia!

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