Sobre la teoría de dominancia

El uso común del término “dominancia” trae consigo muchos problemas y se ha usado mal y en exceso, sobre todo para dar una explicación, generalmente equivocada, a los problemas de comportamiento.

La verdadera historia sobre la teoría de dominancia

En general, hay una idea muy equivocada y a la vez muy extendida, de relacionar los problemas de comportamiento en términos de dominancia. De hecho, la palabra dominancia, se ha usado mal y demasiado, principalmente derivado de programas televisivos y de habladurías de la gente con poca experiencia.

 

En términos biológicos, la dominancia se describe como un acceso prioritario a un recurso, preferido y limitado. Es decir, que describe una relación puntual entre dos individuos, no su personalidad.

 

De modo, que cuando hablamos de perros, lobos, o familias de animales que viven en sociedad, la dominancia es una característica dentro de una relación, que ocurre en una situación determinada y ante a un recurso concreto.

 

Así, el perro dominante es aquel que gana el recurso por el que se compite (ya sea comida, un hueco en el sofá, o un simple palo…) y el perro subordinado es el que se acepta éste resultado. Ante éstas situaciones de competencia por un recurso, nunca hay violencia física, y nadie resulta herido. Si así fuera, hablaríamos de agresividad, no de dominancia.

¿Para que sirve la dominancia?

Los perros, como muchos otros  mamíferos, son animales sociales que tienen ciertas normas básicas de convivencia. De modo, que para poder entenderse entre ellos sin necesidad de recurrir a la violencia, interactúan entre sí, a través de posturas y posiciones corporales, y expresiones faciales entre otras cosas.

En cuanto a la dominancia, es simplemente una estrategia social, que se da entre los miembros del grupo para gestionar la competencia a los recursos, sin necesidad de recurrir a la agresividad.

 

No hay perros dominantes o perros sumisos. Un perro puede mostrarse dominante en una situación concreta y frente a un competidor determinado y, sin embargo, adoptar un rol sumiso frente a ese mismo competidor, en un contexto diferente.

Por lo tanto, podemos asumir, que la raíz de los problemas de comportamiento, suelen ser el resultado de una relación desequilibrada y llena de desconfianza. Es decir, una relación de perros, y a menudo también personas, simplemente infelices.

COMO CONVERTIR PERROS DOMINANTES EN PERROS SUMISOS...

Comer antes que el perro o salir por la puerta primero, no influye para nada en la relación que podamos tener con nuestro perro. Todas estas técnicas que nos dan el poder de liderazgo, son totalmente contraproducentes, y pueden hacer al perro impredecible y peligroso.

 

Forzar al perro mediante técnicas de confrontación, como con la llamada postura de sumisión o, el toque, implica adoptar por nuestra parte, la postura dominante que no deseamos que ellos muestren. Y todavía peor, imponernos constantemente y darles ordenes como si fuéramos un capitán del ejército, aumenta la ansiedad, el estrés y hará que el perro se comporte de manera agresiva y sin ningún tipo de control.

 

Además, cuando ejercemos el miedo, también rompemos el vínculo y la confianza con ellos. De modo, que estas técnicas solo agravan los problemas de convivencia, y generan conflictos en el entorno familiar.

 

Por eso, cuando trabajamos con el concepto del refuerzo, no ejercemos un control sobre el perro. Simplemente le ofrecemos algo que necesita y quiere. Modificamos un comportamiento ofreciendo recursos importantes en vez de imponer y controlarlos mediante la dominancia. Siempre con el respeto que se merecen, mejorando la convivencia y potenciando la verdadera amistad con ellos!