El poder del refuerzo positivo

El refuerzo positivo nos sirve para hacerles entender que un determinado comportamiento nos gusta, y es la manera mas efectiva de enseñar a los perros a tomar sus propias decisiones.

De manera sencilla podemos definir el refuerzo como algo agradable que le damos al perro (como pueden ser chuches, juegos, caricias o atención) para hacerle entender que cierto comportamiento nos ha gustado, y continue repitiéndolo en el futuro.

 

Es decir, que técnicamente, un refuerzo es un estímulo positivo (ese algo, que suele ser rico o divertido), que aparece después de un comportamiento y, que incrementa la frecuencia de que se siga repitiendo.

¿Cómo funciona el refuerzo positivo?

En la naturaleza, cuando una conducta se refuerza con algo agradable, tiende a perdurar en el tiempo, de igual manera que cuando no se refuerza, se pierde o se extingue.

 

Gracias a los refuerzos, nuestro perro se sentirá bien con lo que le estamos enseñando, sin necesidad de corregirle ni añadir tensión en su aprendizaje. Además, también le damos la opción de decidir entre un comportamiento que le aporta algo que le gusta mucho, y entre otro que no le proporciona nada. Así, a la larga, y por simple conveniencia, aprenderá a tomar las decisiones correctas.

Ojo, la palabra positivo o negativo, no implica que un comportamiento sea bueno o malo. Al igual que castigos, los refuerzos se definen dependiendo de su efecto sobre la conducta. Es decir, que un estímulo solo reforzará una conducta, cuando la haga más probable de volver a suceder.

 

Por ésta razón, y si aumentan su frecuencia, los malos comportamientos también pueden derivar de refuerzos!

 

Un caso muy frecuente, es intentar apartar con las manos a un perro que nos salta efusivamente cuando llegamos a casa… sin darnos cuenta le prestamos atención, interactuamos con él y entramos en su juego, reforzando positivamente ese mal comportamiento, y haciendo que se siga repitiendo cada vez que entramos por la puerta.

En psicología, la teoría del incentivo y la motivación dice, que todos los animales nos movemos por un impulso de incentivos o refuerzos. De modo, que tanto perros como humanos, tendemos a comportarnos de manera que nuestras acciones nos proporcionen una recompensa, y, al contrario, evitaremos los comportamientos que conlleven un castigo.

Por ejemplo, un perro tenderá más a acudir a una llamada si sabe que cuando llegue obtendrá un premio (por ejemplo, un cachito de pollo), que si solamente lo atamos para volver a casa.

Pero, el valor del refuerzo, depende siempre de quien lo recibe, en éste caso el perro, no de nosotros, y ésto es algo que no debemos olvidar. Y además, puede cambiar en el tiempo o variar según las circunstancias.

Continuando el ejemplo anterior, en un primer momento para enseñarle a acudir cuando le llamamos, quizás nos funcione con unos cachitos de pollo, pero a la larga, cuando ya lo tenga asimilado, probablemente le servirá una sonrisa y un elogio.

En definitiva, la intención de educar en positivo es evitar los confrontamientos con el perro. Tratamos de prevenir la frustración, el miedo y la inseguridad, y hacemos del aprendizaje algo divertido que fomente el vínculo y el respeto, con y hacia ellos!

 

A la larga, aprenden a tomar las decisiones correctas de una manera divertida y sana, construyendo un vínculo positivo entre humano y perro, y aumentando a la vez el interés y sus expectativas en el aprendizaje.

¿Se puede educar solamente a través de los refuerzos?

Pues claro que si! Peeeroo… seamos realistas. Cuando tratamos a un perro con problemas de verdad, no es tan sencillo como puede parecer a primera vista. Los educadores que utilizamos métodos positivos, también usamos otras técnicas como la desensibilización, el castigo negativo o el contracondicionamiento, en conjunto con el refuerzo positivo, para enseñar o modificar su comportamiento.

 

Además, educarles de manera positiva no significa ser permisivos con ellos: debemos aprender a guiarles con calma, entender su lenguaje y comunicación, establecer límites, en muchos casos reorganizar sus rutinas diarias… Y sobre todo, aprender a no ceder a cada uno de sus caprichos!

 

El truco está en saber dónde y cómo deben ser los límites. Y aunque las reglas varían según la personalidad única de cada perro, una cosa debe ser constante: tenemos que ser una figura de autoridad con calma y autocontrol, es decir, ser un buen referente para ellos.

 

Si piensas que estos métodos son débiles o que conllevan falta de liderazgo, piensa, que los buenos líderes son aquellos que consiguen cambios sin usar la fuerza!