El refuerzo positivo

Una de las herramientas más poderosas para que un perro esté sano y motivado a aprender, es introducir más refuerzos en su día a día!

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Realmente el concepto de refuerzo positivo es bastante simple: cada vez que un comportamiento se recompensa, es más probable que se siga repitiendo en el futuro. Da igual que se trate de atraer consumidores a tu local, de entrenamiento de perros o de aprender cualquier otra habilidad personal o laboral!

 

Gracias al refuerzos, los perros se sienten bien con lo que les estamos enseñando, sin necesidad de corregirles ni añadir tensión en su aprendizaje. Además, también le damos la opción de decidir entre un comportamiento que le aporta algo que le gusta mucho, y entre otro que no le proporciona nada. Así, a la larga y por simple conveniencia, aprenderá a tomar las decisiones correctas.

La intención de educar en positivo esevitar los confrontamientos, el miedo, y hacer del aprendizaje algo divertido.

En definitiva, la finalidad es evitar los conflictos con el perro. Tratamos de prevenir la frustración, el miedo y la inseguridad, y hacemos del aprendizaje algo divertido que fomente el vínculo y el respeto, con y hacia ellos!

Pero, ¿cómo funcionan exactamente los refuerzos?

Técnicamente, cuando un comportamiento se refuerza con algo agradable (como chuches, juegos, caricias o atención…), tiende a incrementar la frecuencia de que vuelva a repetirse, y así consigue perdurar en el tiempo. En pocas palabras, añadir un refuerzo agradable después de que una conducta ocurra, nos ayuda a hacerle entender que ese comportamiento nos ha gustado, de una manera sencilla y divertida!

Ojo, la palabra positivo o negativo, no implica que un comportamiento sea bueno o malo. Al igual que los castigos, los refuerzos se definen dependiendo de su efecto sobre la conducta. Es decir, que un estímulo solo reforzará una conducta, cuando la haga más probable de volver a suceder.

 

Por ésta razón, y si aumentan su frecuencia, los malos comportamientos también pueden derivar de refuerzos! Un caso muy frecuente, es intentar apartar con las manos a un perro que nos salta efusivamente cuando llegamos a casa… sin darnos cuenta le prestamos atención, interactuamos con él y entramos en su juego, reforzando positivamente ese mal comportamiento, y haciendo que se siga repitiendo cada vez que entramos por la puerta.

En psicología, la teoría del incentivo y la motivación dice, que todos los animales nos movemos por un impulso de incentivos o refuerzos. De modo, que tanto perros como humanos, tendemos a comportarnos de manera que nuestras acciones nos proporcionen una recompensa, y, al contrario, evitaremos los comportamientos que conlleven un castigo.

 

Por ejemplo, un perro tenderá más a acudir a una llamada si sabe que cuando llegue obtendrá un premio (por ejemplo, un cachito de pollo), que si solamente lo llamamos para atarle o volver a casa.

 

Pero, el valor del refuerzo, depende siempre de quien lo recibe, en éste caso el perro, no de nosotros, y ésto es algo que no debemos olvidar. Y además, puede cambiar en el tiempo o variar según las circunstancias.

 

Continuando el ejemplo, en un primer momento para enseñarle a acudir a la llamada, seguro que funcionan bien  unos cachitos de pollo. Pero a la larga, y cuando ya lo tenga asimilado, probablemente será suficiente una sonrisa y alguna fiesta.

¿Se puede educar solamente a través de los refuerzos?

Pues claro que si! Peeeroo… seamos realistas. Cuando tratamos a un perro con problemas de verdad, no es tan sencillo como puede parecer a primera vista. Los educadores que utilizamos métodos positivos, también usamos otras técnicas como la desensibilización, el castigo negativo o el contracondicionamiento, en conjunto con el refuerzo positivo, para enseñar o modificar su comportamiento.

 

Además, educarles de manera positiva no significa ser permisivos con ellos: debemos aprender a guiarles con calma, entender su lenguaje y comunicación, establecer límites, en muchos casos reorganizar sus rutinas diarias… Y sobre todo, aprender a no ceder a cada uno de sus caprichos!

 

El truco está en saber dónde y cómo deben ser los límites. Y aunque las reglas varían según la personalidad única de cada perro, una cosa debe ser constante: tenemos que ser una figura de autoridad con calma y autocontrol, es decir, ser un buen referente para ellos.

 

Si piensas que estos métodos son débiles o que conllevan falta de liderazgo, piensa, que los buenos líderes son aquellos que consiguen cambios sin usar la fuerza!

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