El humano referente

Ante una situación de miedo o confusión, los perros buscan información en su entorno para poder guiar su conducta. Por eso, la buena referencia del propietario, es una parte vital para entender el mundo que les rodea.

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La referencia social es el proceso en el que un individuo usa la percepción, comprensión e interpretación de otro, ante una situación nueva o desconocida, para guiar su comportamiento. Es decir que, cuando ocurre algo que no comprende o le da miedo en su entorno, el perro te mirará, y su comportamiento variará en función de la reacción que observe.

Desde una perspectiva funcional esto tiene todo el sentido del mundo: como todo aprendizaje social, evita (al menos de cierta manera) el coste de los errores del aprendizaje por prueba y error.

Las conductas relacionadas con la referencia social, no solo se observa en perros. Y, aunque las investigaciones con otro tipo de animales son un poco ambiguas, las realizadas con bebes humanos son bastante similares a las realizadas con perros.

Así, muchos estudios hechos con bebés, demuestran que lo que buscan con la mirada no es consuelo, sino información acerca de una situación específica. De hecho, en circunstancias de ambigüedad, los infantes, miran de manera equitativa tanto a un extraño como a su madre para tener una referencia con respecto a una situación u objeto desconocido.

Los humanos influimos mucho en cómo perciben su entorno

A través del comportamiento de referencia social, los perros reciben información de nosotros cuando tienen que hacer frente a una nueva situación. Estas conductas tienen dos componentes distintos:

  1. El perro mira hacia referente o informante (habitualmente la persona
    de la que se toma la información emocional), y después, de nuevo hacia
    la dirección al objeto que le preocupa.
  2. Su comportamiento se modifica de manera positiva o negativa, en función de cómo se comporte el referente.

Cuando socializamos a un nuevo cachorro, o si estamos trabajando con un perro que tiene miedo e insegurid, actuar de manera positiva y relajada, es decir, dar normalidad a una nueva situación, le ayuda e influencia a estar más relajado. Además, también le animará a investigar y a aprender a hacer frente a lo desconocido.

¿Que ocurre cuando dejamos de ser buenos referentes?

Lo que podemos sacar en conclusión de todo esto es que, para la buena educación y estabilidad emocional de un perro, es importantísimo ser conscientes de nuestras propias acciones.

Cuando nos preocupa que otro perro se acerque a nosotros, nos ponernos tensos, e inevitablemente, le trasmitimos esa preocupación al perro. El resultado final después de que esto suceda varias veces, es que nuestro perro empezará a ladrar o incluso a abalanzarse al otro perro, porque sin darnos cuenta, le estamos diciendo que ese perro es una amenaza potencial. A partir de ahí, el tirón de correa, los toques, o incluso las regañinas, solo agravarán el problema que, habitualmente e inconscientemente, hemos generado nosotros mismos.

Habitualmente cuando el perro se porta mal, tendemos a castigarle y regañarle. Pero, muchas veces y sin darnos cuenta, los causantes de ese mal comportamiento somos los humanos. Por eso para mí, cualquier tipo de castigo, tanto físico como verbal, es injustificado.

Y no solamente eso, sino que los castigos, lo único que harán será empeorar las cosas. Cuando gruñen, ladran, o se abalanzan sobre otros perros, y les regañamos o castigamos, lo que les trasmitimos es una sensación desagradable y negativa hacia esa situación. Además, inhibir un comportamiento, más aún cuando deriva de un malestar emocional, lo único que genera es más estrés y frustración en el perro.

¡Intenta ser un buen referente!

Los estudios de referencia social arrojan mucha luz a la importancia que tiene nuestro papel como propietarios y, en definitiva, como referentes de nuestro perro. A través de la educación en positivo lo que tratamos es de guiarles y ayudarles a asociar las situaciones o eventos que les hacen sentir inseguros, de manera divertida y positiva. Si cuando vemos a otro perro de lejos le hablamos con calma y nos comportamos de manera relajada, lo que le trasmitimos es seguridad y emociones agradables, ¡sobre todo si al mismo tiempo salen algunas delicias del bolsillo!

La educación de nuestros peludos va más allá de reforzar o castigar conductas. La ansiedad, el miedo y la alegría son emociones contagiosas que trasmiten reacciones. Por lo tanto, es importante aprender a controlarnos a nosotros mismos y ser conscientes de nuestros miedos e inseguridades porque, ellos confían plenamente en nuestras respuestas para evaluar si la situación es segura o divertida. Por lo tanto, ¡cuanto más segur@ y positiv@ seas, más confianza y curiosidad sana desarrollará tu perro!

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