El problema de los castigos

Castigar a un perro con técnicas de aversivas, agrava seriamente los problemas de comportamiento. El concepto es sencillo, intentar apagar un fuego echando leña, acaba por quemar una relación!

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Veamos, qué piensas que es mejor, ¿que tu perro haga lo que le pides porque realmente le apetece hacerlo o, que lo haga, por miedo a tener una reprimenda?

Supongo que ante ésta pregunta, prácticamente tod@s decidiremos lo mismo. Pero, para conseguir que nuestro peludo amigo sea obediente y nos haga caso por simple apetencia, es importante que la relación y el vínculo que tenemos con el sea fuerte, estable, y sobre todo libre de miedos.

Rompiendo mitos: el verdadero significado de los castigos

A nivel coloquial, el significado de la palabra castigo, está estrechamente relacionado con otros términos como corregir o regañar. Es decir, que el castigo es cualquier cosa que genera miedo en el perro, bien sea de alta o baja intensidad (desde un grito que le haga salir pitando de la habitación, hasta, desgraciadamente, castigos que generan dolor físico o intimidación).

A nivel un poco más técnico, un castigo es algo que se añade o se quita, para reducir la probabilidad de que ocurra cierto comportamiento (el refuerzo la incrementa y el castigo la reduce). De modo que el término no implica algo aversivo, ni que genere miedo ni dolor o malestar.

Éste concepto del castigo puede parecer extraño, pero es la base de la teoría del condicionamiento operante, del señor B.F.Skinner, donde, para explicar los cambios de comportamiento, se hacen referencia a cuatro elementos:

Además, éstos cuatro elementos a su vez, se componen de dos factores:

  1. Si tratamos de aumentar (reforzar) o disminuir (castigar) la frecuencia de un comportamiento.
  2. Si se añade (positivo) o se retira (negativo) un estímulo, para influir en ese comportamiento.

Aunque a primeras puede parecer algo confuso, solo tenemos que quedarnos con la idea de que, en el condicionamiento operante, los términos positivo y negativo no se usan de la misma manera en que generalmente pensamos. Bajo ésta perspectiva científica, positivo no tiene porque ser sinónimo de bueno, y negativo no significa necesariamente algo malo.

Castigo POSITIVO es como llamamos de manera técnica a los castigos que todos conocemos, es decir, los que los humanos usamos más frecuentemente como: un tirón de correa, una descarga, el famoso toque, la posición de sumisión o, incluso un simple chillido, una reprimenda, dar con un periódico, etc.

A primera vista, unir las palabras castigo y positivo, puede parecer una locura, después de todo, ¿cómo puede ser un castigo positivo?

Ésta discordancia ocurre por el concepto de la palabra positivo que, habitualmente, solemos usarla para referirnos a cosas que son buenas. Pero, cuando hablamos de modificación de conducta, la palabra positivo es sinónimo de AÑADIR un estímulo, y la palabra negativo, es sinónimo de RETIRAR.

Es comprensible que, ante determinadas situaciones, nos sintamos nerviosos, frustrados y/o enfadados. Pero es importante no pagar nuestro malestar con nuestro perro porque, lo único que conseguiremos será aumentar la desconfianza hacia nosotros.

Además, castigar no corrige los problemas de comportamiento, porque NO dan una alternativa para aprender a hacerlo de otra manera. Cuando castigamos, aparentemente podemos PARAR un comportamiento, pero, en la mayoría de ocasiones no quiere decir que hayamos resuelto el problema a nivel interno.

La influencia de las emociones en el comportamiento

El comportamiento de un perro es la parte visible de las emociones, y ambas están estrechamente ligadas. Por eso, un perro emocionalmente alterado tiende a tener problemas de comportamiento.

¿Qué ocurre cuando castigamos a un perro poco obediente, con métodos confrontativos, como tumbarle en el suelo en postura de sumisión, ponerle un collar de pinchos o eléctrico, toques, etc…? Pues sencillamente que lo intimidamos, y entonces aparecen el miedo, la inseguridad, o incluso el dolor, según el tipo de castigo. Y cuando un aprendizaje se convierte en algo doloroso o aterrador, se genera estrés y ansiedad. Y este, no es un buen resultado si lo que deseamos es que el perro aprenda.

Así, la intimidación física o psicológica, hace que aparezcan las emociones negativas, y estas dificultan el aprendizaje y la capacidad de prestar atención. Además, daña seriamente la relación y el vínculo con nuestro perro!

Por lo tanto, los métodos de confrontación, no corrigen los problemas. Lo único que hacen es, que el perro sea más miedoso, inseguro, agresivo, además de hacer que el perro asocie una fuerte negatividad hacia la persona que lo castiga. Además, en la mayoría de casos suelen ser tan confusos, que tampoco asocian la acción de ese mal comportamiento, con la situación que se genera al castigarle.

Si, ¡es totalmente posible educarles sin usar castigos!

Exacto, como lo lees. Es totalmente posible trabajar sin ningún tipo de castigo físico, ni correcciones, ni otro tipo de herramientas de castigo tipo collares de pinchos, de descarga, de ahorque, etc… Y esto, no me lo invento yo. Se trata de años de estudio, trabajo y observación por parte, no solo de la comunidad científica, sino también de entrenadores de animales, incluidos los entrenadores de perros (¿te has parado a pensar en cómo se entrena a un delfín?¿crees que utilizan collares de pinchos o toques para enseñarles? NO. Lo hacen con anchoas, sardinas, ¡y un silbato!).

Todos éstos métodos y herramientas correctivas, son antiguas, contraproducentes y totalmente ineficaces. El concepto sencillo: intentar apagar un fuego echando leña (o gasolina, según el caso), acaba por quemar una relación. Sin darnos cuenta, dejamos de ser un buen referente para ellos, les fomentamos el miedo y la inseguridad, y curiosamente, acabamos por comportarnos de la misma manera que no queremos que ellos se comporten.

Cuando utilizamos éstos métodos, un perro con síntomas de agresividad se comportará todavía de manera más agresiva, y a un perro que tiene miedo, le fomentaremos ese miedo.

Ante todo debemos se proactivos, es decir, anticiparnos a los problemas, e impedir que ciertas situaciones ocurran.

Además, reforzar a menudo los buenos comportamientos es una técnica que funciona a la perfección. Y si además eliminamos los castigo y las situaciones que les generen estrés, tendremos la clave para tener un perro equilibrado y seguro y con buenos modales.

Con un poco de conocimiento, paciencia, y poniéndonos un poco más a menudo en su lugar, tod@s podemos ser capaces de educarles de una mejor manera!

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