Diferencias entre perros y humanos

Aparentemente, todos sabemos en que nos diferenciamos de nuestros peludos pero, ¿sabemos realmente cómo funciona la mente de un perro, en comparación con la nuestra?

Los perros no son personas. Parece una observación bastante lógica, pero mucha gente comete el error de esperar, una y otra vez, a que su perro piense y actué como tal. De manera habitual se les atribuyen comportamientos y emociones humanas, y sin ser conscientes, también les envían señales confusas y estresantes que no hacen más que trastocarles.

 

Los perros son animales (si, si, como nosotros…), y aunque a veces nos sorprendan con algún comportamiento que parezca más de humano que de perro, deberían ser tratados como lo que son. Es más, particularmente las razas de tamaño pequeño, tipo pomerania, chihuahua o yorkshire, tienden a tener muchos problemas de comportamiento, por no mencionar la confusión y el malestar que les genera, al ser tratados como a bebes o niños pequeños.

¿Que tenemos en común con nuestro perro?

Ambas especies descendemos de los mamíferos. Por esta razón, tenemos funciones vitales homólogas como la reproducción o la nutrición. Además, nuestros órganos y estructuras también son parecidas, aunque están adaptadas a diferentes funciones.

 

Por otro lado, todos los mamíferos, especialmente los que vivimos en grupos familiares, somos sumamente visuales y también damos muchísima importancia al comportamiento social, entre otros, los primates, los elefantes, delfines, perros…

¿Que no tenemos en común?

La principal diferencia que tenemos con los perros es la especie de la cual descendemos. Así, mientras que los perros descienden de una especie de cánidos, familia que incluye lobos, chacales, zorros y coyotes, nosotros descendemos de los primates, y en la rama evolutiva estamos más cerca de los chimpancés y los bonobos, que de nuestros peludos compañeros.

Al igual que nosotros somos primos lejanos de los chimpancés y no nos comportamos como ellos (o al menos no siempre!), los perros están relacionados con otros cánidos como los lobos, y tienen algunas conductas semejantes pero, realmente tampoco se comportan como ellos.

Es decir que, genéticamente hablando, los perros y los lobos tienen un ADN, pero la principal diferencia reside en su conducta, que es más parecida a la de los lobos jóvenes que a la de adultos. En etología a ésto le llamamos neotenia.

En la cultura popular, hay una gran confusión con la clasificación o relación que tenemos con los animales, es decir, con el árbol evolutivo o filogenia, nombre por el que se conoce a la ciencia que estudia la relación de parentesco entre especies.

 

Que tengamos relación más o menos directa con algunos animales no humanos (en nuestro caso el chimpancé), no significa que descendamos de ellos, vaya, que no es una línea recta la que nos une.

 

Las relaciones evolutivas se reconstruyen a modo de árbol, donde hay un tronco y unas ramas, y en él se muestran las relaciones que hay entre especies. Por lo tanto, en el caso de los humanos, hablaríamos de un ancestro común homínido, del que descendieron los humanos, orangutanes, gorilas, chimpancés y bonobos.

 

Evolución Hominoideos

 

Y, en el caso de los perros, el ancestro común sería un cánido, del cual surgieron lobos, perros, chacales, coyotes, dingos, licaones, y zorros.

 

Evolución Canis

EL choque de culturas: la comunicación y el lenguaje para entendernos

Sin lugar a dudas, la mayor diferencia, y lo que más problemas genera entre humanos y peros, es la comunicación y el lenguaje.

Los humanos somos la única especie que se comunica con lenguaje hablado. Y habitualmente, cuando les hablamos, pensamos que por arte divino van a entender y a hacer lo que les pedimos.

 

Pero, algo tan sencillo para nosotros como el hablar, no entra dentro del repertorio de conductas que tiene un animal. Y a no ser que esas palabras vayan acompañadas de un lenguaje corporal lo suficientemente claro para que el perro pueda interpretar, todas esas palabras pueden llegar a ser algo bastante trivial para ellos.

 

Por ésta razón, los perros desarrollaron la increible destreza del arte de la observación. Gracias a ésta habilidad de estar observando continuamente cada uno de nuestros gestos (y ahora, muchos de vosotros entendereis porque nos miran tanto…), es lo que les ayuda a entendernos. Y es más, por todo ésto, también suelen ser conscientes de nuestros propios movimientos más que nosotros mismos.

Curiosamente, y de manera inversa, nosotros los humanos tendemos a pasar por alto las señales que ellos nos dan. Y… voilá… he aquí el combo perfecto para malinterpretar ciertas actitudes, y para que tarde o temprano, comiencen los problemas de comportamiento con nuestro peludo amigo.

En resumen, si quieres conectar bien con tu peludo y ahorrarte futuros problemas, es fundamental conocer las diferencias que tenemos entre especies, tanto en estructura, como en comportamiento… Y sobre todo y lo más importante, aprender su lenguaje!

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