Cómo aprenden

Aunque la amistad y el vínculo con nuestro perro es algo fundamental para tener un perro educado, también es importante saber cómo funciona su aprendizaje.

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Al igual que nosotros, los perros aprenden a través de las consecuencias de sus acciones. Y, aunque la acción sea un buen comportamiento o no, siempre aprenderá algo, independientemente de que nosotros participemos en ello o no.

Así que, cada decisión y cada acción que toman, desde olisquear una hoja hasta acercarse a saludar a otro perro, tiene una serie de consecuencias. Éstas, podríamos  englobarlas en tres categorías:

  • Las cosas mejoran
  • Las cosas empeoran
  • No cambia nada

Lupo y Chill

Lupo es un perro pequeño habitualmente muy obediente. Un día al volver del paseo, ve a su buen amigo Chill, un galgo extremadamente juguetón, al otro lado de la calle. No sabemos cómo pero de un tirón, consigue sacarse el collar, cruza la carretera y, pese a nuestro susto, tiene una buena sesión de juego con su amigo.

¡Para Lupo, ese momento de juego ha sido el mejor premio del mundo! Aunque, bajo nuestra perspectiva, éste incidente ha sido bastante diferente. Afortunadamente el conductor del coche que estaba a punto de pasar, ha conseguido frenar a tiempo antes de atropellarle. Nuestro corazón está aceleradísimo y tenemos las patas como un flan…

El condicionamiento clásico y el operante, son dos conceptos importantes para poder entender la psicología que hay detrás de cada comportamiento. Si bien ambos son responsables del aprendizaje, los dos procesos son bastante diferentes:

  • El condicionamiento clásico. es un término acuñado por Ivan Pavlov, un psicólogo ruso, ganador de un premio nobel por sus estudios en 1904. Pavlo estudió la salivación de los perros, colocando una señal neutra antes de un reflejo. En éste tipo de condicionamiento demuestra, que éste tipo de respuestas son involuntarias, es decir, los comportamientos son automáticos.
  • El condicionamiento operante, fué descrito por B. F. Skinner, un psicólogo americano que realizó sus primeros estudios con palomas alrededor de 1948. Éste concepto implica aplicar (de manera accidental o deliberada) refuerzos o castigos después de un comportamiento, es decir, se enfoca en fortalecer o debilitar comportamientos voluntarios, decididos por el propio individuo.

Para poder diferenciarlos, simplemente debemos tener en cuenta si el comportamiento es voluntario o involuntario. El condicionamiento clásico implica asociar una respuesta involuntaria con un estímulo. El condicionamiento operante sin embargo, asocia un comportamiento voluntario con una consecuencia positiva, negativa o neutra.

Hoy en día, tanto el condicionamiento clásico como el operante, se utilizan para una variedad de propósitos distintos por maestros, padres, psicólogos, entrenadores de animales y muchos más. En cualquier caso, el objetivo del condicionamiento, tanto clásico como operante, es producir algún tipo de cambio en la conducta.

Si las cosas mejoran para el perro: los comportamientos se repiten cuando hay un beneficio

Si la consecuencia inmediata a un comportamiento es agradable y mejora la situación (siempre bajo la perspectiva del perro), el comportamiento se refuerza y hace más probable que vuelva a repetirse en el futuro. Ésta es la razón por la que muchos perros aprenden a ladrar o a dar la pata para pedir comida, porque cuando lo hacen, ¡habitualmente siempre cae algo!

A ésto le llamamos refuerzo positivo, y lo usamos constantemente en la educación canina de manera deliberada, para recompensar comportamientos que nos interesa mantener el tiempo.

Las recompensas suelen ser inintencionadas

¡Ese momento de juego para Lupo ha sido increible! Pero ahora, cada vez que Lupo vea a otro perro con quien quiera jugar, es más probable que vuelva a tirar e intentar sacarse el collar, y salga corriendo a jugar con él.  

No importa si tu pretendías o no que las cosas mejoraran para él. Tampoco importa si esa conducta ha estado bien o mal, ni lo que podría haber pasado de no parar el coche, ni, incluso si ha ocurrido de manera consciente o por accidente. Lo único que importa es que Lupo, está feliz con lo que ha ocurrido, porque ha tenido unos minutos de juego maravillosos…

En términos de conducta, un refuerzo es cualquier cosa que incremente la probabilidad de un comportamiento se repita en el futuro, bien sea de manera accidental o deliberada. Y esto, también incluye los malos comportamientos.

Ocurre frecuentemente cuando, por ejemplo, interactuamos con ellos al llegar a casa. A veces, al entrar, saltan incesamente encima de nosotr@s para saludarnos, y sin querer, les hablamos y apartamos, sin darnos cuenta de que, con todo esto, ya estamos reforzando esa conducta. Otro ejemplo ocurre, cuando consiguen llegar a la mesa y robar comida. La comida robada les gusta tanto, que hace que ese comportamiento se refuerze de manera accidental.

Si las cosas empeoran: los castigos disminuyen el comportamiento

Si tu perro olisquea una hoja que, casualmente es la casa de una abeja, las cosas para él probablemente, empeoraran. Si le pegas en el hocico por olisquear una hoja, el efecto será el mismo.

Si justo cuando el perro huele la hoja, la abeja le pica en el hocico, la picadura automaticamente se convierte en una  consecuencia inmediata a ese comportamiento. A ésto, técnicamente, le llamamos castigo. En éste caso, la consecuencia inmediata es algo desagradable, y probablemente ese perro, dejará de olisquear hojas durante algún tiempo… o quizás deje de hacerlo para siempre. Es decir, el castigo hace que automáticamente disminuya la frecuencia de volver a repetir esa conducta. El refuerzo aumenta, el castigo disminuye…

Los perros evitan acciones que son castigadas

Si el coche no hubiese podido parar, y hubiese atropellado y roto una pata a Lupo, es muy probable que hubiese cogido miedo a cruzar la carretera. De echo, después de eso, quizás hubiese desarrollado problemas de comportamiento cerca de las carreteras, de los coches, o incluso de los galgos en general.

En términos de comportamiento, el castigo es todo lo que, de manera accidental o deliberada, disminuye la frecuencia de que un comportamiento se repita en el futuro. Pero esto, no tiene por qué ser algo que consciente o directamente le hagas al perro. También puede ser algo que ocurre por accidente.

Los castigos, al igual que los refuerzos, los define el propio perro, y no necesariamente tiene porque ser algo doloroso o cruel. También puede ser algo que simplemente no le gusta y prefiere evitar.

Los educadores, etólogos, y demás personas que trabajamos la modificación de conducta a través de la ciencia, usamos muy pocos castigos.

Utilizar métodos aversivos y confrontativos con los perros, trae consigo graves consecuencias que pueden afectar sobre cualquier cosa relacionada con el evento, especialmente si es traumático. Y ésta, es la principal razón por la que los educadores evitamos usarlos.

Afortunadamente, ¡cada vez son más las personas que prefieren no castigas a sus peludos amigos!

Cuando no cambia nada…

A través de muchísimos estudios sabemos que, todos los comportamientos que no tienen una consecuencia, tienen el mismo efecto que los castigos. Es decir, si no ocurre nada, al igual que los castigos, será menos probable que vuelva repetirse en el futuro. Pero esto es de sentido común, tanto a los perros como a nosotros, hemos evolucionado para actuar a favor de sacar un beneficio.

Si no hay refuerzo y si no hay castigo...

¿Qué hubiese pasado si Lupo hubiese llevado arnés, y no hubiese cruzado la carretera? ¿Y si no hubiese podido jugar con Chill? Pueees… para Lupo, habría sido muy parecido a recibir un castigo. Pero ésto tiene todo el sentido del mundo…

Trabajando por el propio beneficio

En la naturaleza, toda acción tiene un costo energético, y logicamente, solo se repiten las actividades o conductas que tienen un beneficio para el animal. En pocas palabras, aprender a mantener la energía preservando comportamientos innecesarios, es algo esencial que les ayuda a mantenerse vivos.

Así, todos los animales hemos evolucionado para actuar en pos del beneficio. Ahora podemos entender mejor la primera tabla donde categorizábamos las consecuencias:

  • Las cosas mejoran – aporta un beneficio
  • Las cosas empeoran – no aporta beneficio
  • No cambia nada – no aporta beneficio

Éstos mecanismo, se han estudiado y demostrado en muchas especies de animales, incluidos monos, humanos y, por supuesto también perros. Y ésta es la razón, por la que todos los animales, incluidos nosotros los humanos, tendemos a dejar de repetir los  comportamientos que no nos aportan nada.

Utilizar este conocimiento sobre las consecuencias, y por supuesto, aplicarlo a las recompensas, espero que pueda ayudaros a superar los diferentes obstáculos en la educación de vuestros peludos!

Referencia: 'Cómo aprenden los perros' de Pipa Mattinson
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