Motivación y sistema de recompensas

Aunque cubrir unas necesites básicas como comer o dormir guían las acciones de ciertos comportamientos, el sistema de recompensas es otro componente que interviene, motiva y guía a los perros ante determinadas situaciones.

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Para entender porque a los perros les gusta hacer ciertas cosas aparentemente por complacernos, como esperarnos sentador fuera de la panadería, darnos la patita cuando se lo pedimos, o incluso tumbarse en su camita mientras acabamos de cenar, es importante saber cómo funciona el sistema de recompensas en su cerebro.

La teoría del incentivo y el sistema de recompensas

El término sistema de recompensa, es un conjunto de mecanismos cerebrales que permite asociar situaciones a una sensación de placer. Es uno de los sistemas más importantes del cerebro y, cuando se pone en marcha, libera sustancias químicas como la dopamina (un neurotransmisor, comúnmente conocido como la hormona del placer) en el organismo, haciendo que ese evento se asocie de manera positiva. Por esta razón todos los animales, incluidos perros y humanos, tendemos a intentar repetir situaciones o experiencias placenteras a través del tiempo.

De modo que, este mecanismo de recompensa es el que ayuda a los perros a evaluar si repetir o no un comportamiento, según si es o no beneficioso para el, ¡independientemente de lo que tu opines al respecto! Pero además, también les mantiene alejados de cosas que pueden ser peligrosas, dolorosas o, que requieran mayor esfuerzo y consumo de energía (disputas, agresiones, peligros…).

Lo particularmente interesante de todo esto, es que la dopamina ayuda a mejorar los recuerdos y las emociones asociadas con la recompensa: fortalece las sinapsis (las uniones por donde las neuronas se transmiten los mensajes) en el centro de aprendizaje y la memoria del cerebro. En resumen, el sistema de recompensas ayuda a repetir comportamientos que se perciben como buenos para la supervivencia, y además quedan totalmente ligados a emociones que hacen sentirse realmente cuando se repiten.

La dopamina tiene funciones en muchísimas regiones cerebrales en las que se incluye la cognición, la regulación del sueño, el humor, la atención, la actividad motora y el aprendizaje, entre otras.

Es más, cuando un animal sufre estrés, su organismo deja de generar dopamina (y oxitocinas, endorfinas…). Concretamente, con niveles bajos de dopamina, tu perro tenderá a tener problemas de memoria y movimiento, apatía, dificultad para experimentar felicidad, insomnio, déficit de atención, y otras algunas otras cosas.

Es indiscutible que todos los comportamientos vienen definidos a través de las emociones. Cuando algo nos gusta repetimos el comportamiento, lo mismo que nos alejamos cuando es incómodo o doloroso. Pero, todas estas conductas vienen definidas por una serie de procesos fisiológicos relacionados con la actividad de neurotransmisores y hormonas, un baile químico que se genera en el organismo ante una situación o evento determinado.

Los neurotransmisores como la serotonina y la dopamina, transmiten estos mensajes químicos en el cerebro y cuerpo de los perros (y de los humanos, pingüinos, ballenas…), y esto a su vez, genera unas emociones (alegría, miedo, excitación y dolor) y sus respectivas conductas visibles hacia el entorno

La carencia de estos neurotransmisores provoca irritabilidad, un control más limitado de los impulsos, reactividad, ansiedad y mayor sensibilidad al dolor. Es decir, provocan estrés y todos esos malo comportamientos que a veces tienen los perros.

Las neuronas que liberan dopamina se activan cuando se espera recibir una recompensa.

Por todo esto, lo que influye de manera más poderosa en las reacciones emocionales y los recuerdos no es la recompensa en sí, sino la expectativa de una recompensa.

Si lo piensas, una máquina expendedora de agua o Coca-Cola® no genera ningún tipo de adicción pero, compáralo con la cantidad de personas que sufren ludopatía. En ambos casos debemos meter dinero en una máquina para conseguir algo, pero, es la expectativa de conseguir ese algo (lo inesperado) lo que hace que te enganches a las tragaperras, y no a la máquina expendedora (¡a no ser que tenga chocolatinas muy ricas!).

El simple hecho de poder conseguir un beneficio, hace que el sistema se active y libere neurotransmisores que hacen sentir muy feliz. ¡Enséñale a saber que si se sienta formal cuando se lo pides, después le darás algo que le guste mucho!

Por esta razón, cuando un perro nos ofrece un buen comportamiento y le reforzamos con comida, su juguete favorito, o atención, conseguimos que esté predispuesto químicamente a seguir repitiendo esa conducta reforzada. Y si además la recompensa es mayor de lo que espera (por eso es importante ser generosos reforzando…), aumentamos todavía más la producción de dopamina y la probabilidad de repetir y mantener ese comportamiento en el futuro.

Después de saber todo esto, ¿no te dan ganas de salir corriendo a comprar premios para entrenar trucos, obediencia o incluso modificar las malas conductas de tu peludo amigo?

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