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Métodos clásicos VS positivos

¿Habéis visto alguna vez el programa «el encantador de perros», o el algo menos conocido «¿o el perro o yo?». Éstos, son dos claros ejemplos de las diferencias entre los métodos tradicionales y la ciencia moderna.

Ambas metodologías se asientan en fundamentos muy, muy diferentes. Y entender sus diferencias antes de empezar cualquier tipo de adiestramiento o educación, no solamente beneficiará al propio perro, sino también a la familia y a los seres queridos que le rodean.

Sobre los métodos tradicionales

Aún a día de hoy, y por simple desconocimiento, muchas personas son ajenas a los beneficios de la educación en positivo, y siguen apostando por un adiestramiento basado en castigar más que en reforzar.

Programas como el citado encantador de perros, o malas pulgas (lamentablemente aún hoy en antena…), tampoco han ayudado mucho. Han generado durante mucho tiempo, muchas habladurías y técnicas, que se practican incesantemente sin conocimiento, además de miles de mitos circulando por internet, que fomentan los métodos basados en la confrontación y los castigos.

Pero la ciencia, ya ha demostrado que éstos métodos son antiguos y contraproducentes: generan inseguridad, rabia, frustración, y, además, acaba por convertirnos en unos lideres instables a los que el perro acaba por respetar por miedo a lo que les pueda suceder!

Las ventajas de la educación en positivo

Mediante la educación en positivo, tratamos de reforzar las buenas conductas, y redirigir o modificar las malas, siempre a través del conocimiento en vez de en la fuerza. Y si, digo conocimiento ya que, ¡todas las técnicas derivan de años de estudios teóricos y prácticos sobre el comportamiento animal!

A través los métodos positivos conectamos con los perros, y les tratamos como si fuesen un miembro más de la familia, trabajando principalmente la unión, el afecto, y la comprensión hacia ellos. Además, también les ayudamos a sentirse seguros, motivados, y les enseñamos a confiar en nosotros como humanos estables, que apuestan por la comunicación en vez de en la autoridad y el control.

 

El objetivo final trata de enseñar al perro, haciéndole pensar y entender. Nos centramos en prevenir los problemas antes de que ocurran, y si ya están sucediendo, los tratamos mostrándole al perro una alternativa a esa conducta.

En el momento en que entendemos el poder de la educación en positivo, y evitamos las trampas del dominio, la sumisión y los castigos, es cuando nos comprometemos con ellos y les proporcionamos un liderazgo amable y efectivo.

En definitiva, que gracias a la ciencia, acabamos por comprenderles mejor, y a la vez, les proporcionamos las herramientas que necesitan para poder adaptarse mejor en éste extraño mundo de humanos.

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